
Ahí apareció la figura de Evgeni Jarovenko, kazajo de nacimiento, hasta hace bien poco entrenador del equipo reserva del Shakthar Donestk y que ha insuflado su carácter ganador a una selección claramente deprimida hasta su llegada. Y no es para menos. Jarovenko fue campeón olímpico en Seúl'88 con la Unión Soviética en un equipo en el que él era uno de los jugadores destacados actuando de central y marcando tan pegajosamente como se ve en la imagen a futbolistas como Romario. Ese éxito le llevó a tener una dilatada carrera en clubes de la URSS, así como en su selección, y también en Kazajistán, con cuyo combinado jugó tras la disgregación en 1991 de los diversos países soviéticos. Hace poco fue elegido incluso el mejor jugador kazajo de la historia. Con él a los mandos, la selección ha cambiado de aires y prueba de ello es la goleada a Georgia (4-1) en su espectacular debut, aunque aún no pudiera sentarse en el banquillo. Ahora llega la gran oportunidad de lucirse ante España. No será fácil, pero cualquier campeón olímpico se merece un gran respeto.
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